jueves, 20 de febrero de 2014

BABY FÚTBOL - NEGOCIO REDONDO (Primera Parte)

HACIENDO UN POCO DE HISTORIA:  Editorial publicado por Sebastián Cabrera en Que Pasa, revista de el diario El País (Montevideo-Uruguay) en Julio de 2012. La fecha es solo anecdótíca ya que el relato pudo pasar ayer, hoy y seguramente seguirá pasando mañana...

"Aquel día estaban todos prontos para arrancar la práctica en la cancha del Rocha, un club de baby fútbol bastante humilde cerca del Cilindro Municipal. Todos menos Owen Falconis, el niño mimado de la categoría. Él era la figura del equipo, un zurdo talentoso que no se cansa de hacer goles. Pero ese día nadie sabía nada de Owen. Nadie lo había visto.
Hasta que llegó una camioneta 4x4 negra y paró junto a la cancha. Los niños, los padres y los entrenadores miraron, sorprendidos. Se abrió una de las puertas traseras y ahí bajó Owen, quien en ese entonces tenía diez años, escoltado por dos hombres de traje. La explicación era simple: la estrella del cuadro había conseguido contratista".

Santiago Sosa era el técnico de Rocha en aquel momento y hoy, dos años después, recuerda el episodio como "algo muy feo" porque muestra cómo el baby fútbol "se ha degenerado", al punto que "un pibe de diez años" tiene empresario. Aquel día varios padres protestaron y Sosa le pidió a los hombres que se retiraran. El técnico después se enteraría que el empresario que representaba a Owen era el hermano de un conocido contratista.

"Acordate de ese nombre: Owen", dice hoy Sosa. Porque el baby fútbol es un negocio desde hace tiempo. Y cada vez se buscan niños más chicos. Hace un par de décadas se captaban jugadores de 13 años hacia arriba y del interior llegaban a Montevideo con 15 o 16. Hoy, los clubes y los contratistas se pelean por tener la representación de niños de 9 a 12 años como Owen.

Hay muchos padres que sueñan con que su hijo sea uno de esos pocos elegidos que logre un pase al exterior y que salve económicamente a la familia. El presidente de la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI), Alfredo Etchandy, dice que "la mayoría" de los padres tienen ese sueño, aunque no siempre lo admita.
Uno de cada tres varones uruguayos de 6 a 13 años pasa por el baby fútbol, una fábrica de futbolistas. Hay 62 ligas con 61.000 niños fichados. Pero son muy pocos los que llegan. Solo el 1,5% de esos 61.000 niños que están jugando en el baby llegará a Primera División. Y el 0,14% (85 niños) logrará un pase internacional, según un estudio de ONFI.

Pero también es verdad que todos los que hoy brillan y ganan millones han pasado por el baby fútbol. Como Luis Suárez, que jugó desde los cinco años en el Urreta y siempre fue goleador. Diego Forlán jugó en el Carrasco Lawn Tennis pero, a diferencia de Suárez, no era estrella; era uno más. Y hay otros, como Enzo Scorza, que eran grandes promesas y que no repitieron de mayores. "Ha habido muchos Enzo Scorza", dice Roberto Pastoriza, presidente de la departamental de baby fútbol de Montevideo. "Hay muchos que terminan en la C o en la Liga Universitaria".

"En una casa humilde en Flor de Maroñas, Owen juega al play, mientras su abuelo toca el piano en un pasillo. En el cuarto, de paredes algo descascaradas, predominan dos colores: el amarillo y negro. Su sueño es jugar algún día en Peñarol. Hoy, el delantero de Rocha -que antes jugó o practicó en Villegas, Danubio, Rentistas, Wanderers y Siete Estrellas- tiene 12 años y su referente es Suárez. "Antes era Forlán, pero ya está quedando viejo", sonríe.
Su padre, Fernando Falconis, dice que Owen juega como Lionel Messi, el argentino que el Barcelona descubrió a los 13 años. "En serio, es muy parecido", explica, "es zurdo, pero en el ataque entra por derecha, por izquierda, levanta centros, cabecea". Falconis dice que su hijo tiene condiciones para llegar, pero que nunca se sabe. Por eso, no quiere que descuide los estudios. En la escuela fue abanderado, pero ahora en primero de liceo tiene tres bajas, "pero todas con cinco".

¿Owen puede ser una salvación económica para él? "A mí con ese tema me tienen podrido", responde el hombre, sentado en un banco en el cuarto de su hijo. "Como chiste me dicen que `este te va a salvar`. Pero no lo llevo con esa mentalidad a la cancha, sino para que se divierta. Disfruto verlo jugar y lo saco de la calle".

Falconis también está un poco cansado de los captadores (así se les llama a los "cazatalentos") y contratistas. Porque en estos años ha tenido muchos ofrecimientos, incluso de gente de Estados Unidos. Le llegaron a ofrecer 20.000 pesos por mes, además de la ropa y el calzado, a cambio de firmar un contrato. Y cuenta: "Al principio como novedad te parece buenísimo, pero después te das cuenta que es bravo. Juegan con las necesidades, ven que tenés carencias y te ofrecen todo lo que no tenés. Pero, si Owen llega, llegará por si solo". Pero un tiempo su hijo sí tuvo un representante, el que lo llevó en una camioneta a la cancha de Rocha. Falconis, quien es repartidor de pizza, dice que aquel día el contratista había ido con Owen a comer una hamburguesa a McDonald`s y luego a la práctica. Otros cuentan que le daban ropa, que lo filmaban, que le pagaba un sueldo al mes.

Pero Falconis dice que ahora Owen no tiene contratista porque se cansó de que se llevaran a su hijo de un lado para el otro. "Owen es un niño. Y yo no quiero deberle nada a nadie. Capaz que a los 15 él no quiere jugar más, ¿y qué hacemos?".

El baby fútbol en algún momento era solo una competencia por diversión; hoy ya no. Todo arrancó con el modelo de "captación" implementado por algunos clubes del fútbol profesional, que hace más de dos décadas empezaron a rastrear a los mejores jugadores del baby fútbol y llevarlos a sus propias escuelitas.

Pastoriza dice que el punto de inflexión fue "el boom de Danubio" a fines de la década de 1980. "Para dar un nombre y apellido, la imagen del captador es Miguel Ángel `Cholo` Trueba", quien descubrió, entre otros, a Ruben Sosa, Ruben "Polillita" Da Silva y Edgar "Pompa" Borges.

"Hoy hay un `Cholo` Trueba en cada club. Pero él fue el ideólogo de este modelo: recorría los cuadros de Piedras Blancas y llevaba a los mejores jugadores a Danubio", dice Pastoriza, quien explica que enseguida Defensor le siguió los pasos.


El profesor César Santos, en cambio, dice que Defensor fue el primero en crear una escuela de fútbol infantil, que en junio cumplió 25 años bajo su dirección y desde sus inicios tuvo técnicos, profesores, médicos, fisioterapeutas y otros profesionales a disposición de los menores. "La escuelita de Defensor es como la Universidad, es algo serio", dice Luis Camargo, tesorero de ONFI. Cada año pasan por allí 350 jugadores de 10 a 15 años. Practican dos veces por semana, al principio en forma paralela a su cuadro de baby fútbol. Los jugadores comen allí la merienda y solo tienen que llevar zapatos y canilleras, el resto de la ropa se la da el club. Santos asegura que el 28% de la actual selección nacional mayor pasó por la escuela de Defensor. Tres de ellos son Diego Godín, Diego Pérez y Martín Cáceres.

Hace unos años el modelo de captación se perfeccionó y se firmaron acuerdos entre los clubes y las ligas de baby fútbol, sobre porcentajes de futuros pases. Así, por ejemplo, Nacional tiene un acuerdo de prioridad para sacar jugadores de la Liga Palermo y de la Liga Interbalnearia, a cambio de darle a esas ligas un porcentaje del pase si vende a un futbolista que salió de allí. La liga de Piedras Blancas tiene un acuerdo similar con Danubio y la liga Parque con Wanderers. Peñarol también hizo un acuerdo, el año pasado con la liga Uruguaya de Baby fútbol y el club Malvin alto. Pero esos acuerdos no son de exclusividad, porque -en los hechos- los padres pueden llevar a sus hijos a dónde quieran.

Desde 2010 eso es legal: la FIFA establece que los clubes o escuelas de baby fútbol tienen derecho a recibir un porcentaje de la venta y del primer contrato del jugador profesional si este pasó por su institución cuando tenía 12 y 13 años. Se le llama derecho de formación.




Así, Siete Estrellas cobró por el pase de Adrián Gunino a Boca, Gorriones por Ribair Rodríguez de Danubio a Tigre y el Cosmos Corinto por Diego Polenta al Génova de Italia, entre otros. Cada club ha recibido entre 40.000 y 60.000 dólares. A una institución de baby fútbol eso le salva unos años de presupuesto.

Además del acuerdo con dos ligas montevideanas, Nacional tiene un equipo propio de baby fútbol, Rincón de Carrasco, de donde salen algunos jugadores. Pero buena parte del éxito de su sistema está basado en un trabajo casi que de inteligencia. El club tiene una red de informantes en todo el interior, que está en contacto con los encargados de la captación. Muchos de esos informantes son "cónsules", así se le llama a los encargados en cada ciudad. "Nos avisan que tal chico anda bien y lo invitamos a que venga a probarse", dice Roberto Roo, encargado de las formativas de Nacional. El club trabaja con niños de 10 años para arriba, pero hasta que cumplen 13 entrenan una o dos veces por semana y siguen en el baby fútbol en su ciudad.

Peñarol también tiene su equipo de baby fútbol y captadores que recorren las canchas de las ligas del fútbol infantil, buscando llevar los mejores valores a la escuelita en Las Acacias y al Centro de Alto Rendimiento en Solymar. Y, además, tienen un captador en cada departamento. Rodolfo Catino dice que "la marca Peñarol atrae por sí sola".

A Santiago Sosa todos lo conocen como "Charoná". Dirige la selección de la liga del Parque, pero sobre todo se gana la vida captando jugadores para la octava, novena y décima (13, 12 y 11 años) de Wanderers. Un trabajo difícil porque casi todos los niños quieren jugar en Nacional, Peñarol, Defensor o Danubio.
"La captación es saber mirar la proyección del pibe unos años para adelante", cuenta Sosa un rato antes que arranque la práctica de la selección de liga del Parque. Son las 18.45 y afuera no hay más de siete grados. Nueve niños se preparan para entrenar y el grupo de padres mirará desde las gradas.


"Primero, hay que ver si juega bien a la pelota. Después, la velocidad, la potencia, el físico", explica Sosa. Pero luego dice que "hay padres que tienen a su hijo como un trofeito y se pasan seis años por arriba". Si el niño tiene cualidades, Sosa se presenta, habla con sus padres y los invita a la escuelita. Pero, de diez personas a las que se acerca, terminan entrenando en Wanderers una o dos. "Cuando el pibe es bueno, casi siempre te dicen que ya está yendo a Nacional, Peñarol, Defensor o Danubio, porque ahí los pibes van por el color de la camiseta, por la historia. Pero en esos equipos tenés que ser muy bueno porque el día de mañana te traen uno del interior mejor que vos, y te corren". Por eso, Sosa siempre deja una tarjetita: "Al año siguiente, cuando quedaron afuera de alguno de esos cuadros, el padre te está llamando".

EL MERCADO. Los representantes también juegan su partido. Son empresarios que buscan apadrinar a niños que, piensan, en unos años podrían lograr el ansiado pase al exterior. "Y van a buscar chicos cada día más jóvenes, porque los de 14, 15 o 16 años ya están tomados por la mayoría de los grupos empresariales", dice Roo, de Nacional. Así, le ofrecen ayuda a la familia, ropa, les dan dinero para el boleto y hasta a veces un sueldo que puede llegar a los 10.000 o 20.000 pesos, según dicen varios padres consultados por Qué Pasa.

En ONFI saben que a las finales de los torneos nacionales van contratistas o "cazatalentos" que se sientan en las gradas, eligen jugadores, buscan a los padres y en ocasiones les hacen firmar una carta de representación. "A veces les dan una bicicleta, una heladera", dice Etchandy.

La mayoría son empleados o allegados a los contratistas que trabajan en el fútbol profesional. Uno de ellos es Wilson Píriz, empleado de la firma Profutbol de Paolo Montero, que representa a unos 40 juveniles. Píriz dice que su empresa tiene como regla no competir económicamente: "Si un padre está entre que arregla conmigo o con otro por dinero, está rematando al hijo, y se lo llevará el otro".

Pero Píriz dice que, además de empresarios conocidos en el ambiente, el mercado también incluye a gente sin experiencia. "Cada día hay más gente que no sabe nada. Hay panaderos, pizzeros que no tienen nada que ver con el fútbol; que tienen un peso, agarran a alguno con necesidades y dicen que son su representante. Le ofrecen plata a padres que piensan más en salvarse ellos que en su hijo".

Hace unos días el futbolista Juan Manuel Olivera dijo a Ovación que, debido a los manejos "feos", no tiene muchas ganas de que su hijo haga carrera en el fútbol. "El baby fútbol se tornó una vorágine de padres y representantes que llegan cada vez más temprano", dijo Olivera, "no me gustaría que mi hijo pasara por todo eso".

Píriz dice que su empresa "apadrina" futbolistas a partir de los 13 años (y que a edades más chicas hace un seguimiento en las canchas). La idea es "cooperar" con quienes tienen carencias económicas o familiares. "A veces necesitan otras cosas que la plata: contención, un psicólogo. O necesitan comida, un nutricionista"

Ruben "Pocho" Navarro es competencia de Píriz y trabaja para la empresa Urufutbol de Flavio Perchman. Recorre partidos y entrenamientos. Se dedica principalmente a las juveniles pero a veces también va al baby fútbol: "Si hay algún talento que algún amigo me recomienda, voy y miro". Hace informes sobre los jugadores que le interesan con datos sobre su formación, familia y forma de juego. "Si después considero que el jugador redondea características futbolísticas y profesionales acordes a la exigencia de la empresa, hacemos la captación", dice.

Navarro capta chicos de 12 a 18 años, y dice que hay empresas que también contratan niños más pequeños. "Lamentablemente, las reglas del mercado han bajado las edades de representación", se defiende. Su empresa, afirma, ofrece atención personalizada porque representa "pocos gurises" y lo hace de palabra, no firma contratos.

Si un juvenil es vendido al exterior y tiene representante, este puede llegar a ganar unos 500.000 dólares si el muchacho tiene 15 o 16 años y el pase es bueno. Pero si el jugador es 100% del club, es la institución la que se queda con todo. En 2008 Danubio vendió al zaguero Diego Polenta, que entonces tenía 16, al Génova de Italia por 1,5 millones de dólares, según trascendió. A Polenta le pagaban 7.000 euros al mes. Ahora juega en el Bari, en la segunda división italiana.

Recientes normas de FIFA han puesto trabas a la venta de jugadores de menos de 18 años. Igual, a los 13 o 14 años es casi una lotería saber si el futbolista llegará a un alto nivel. Pastoriza dice que "es una apuesta muy grande que hace el representante". Por eso mismo, especula, de 20.000 niños en el baby fútbol montevideano, hoy no hay más de 20 con representante fijo.

El gobierno, de todos modos, no controla los negocios en el baby fútbol. La ley 14.996 de 1980 dice que nadie puede ser dueño de los derechos de un deportista. "Pero acá el 80% de los jugadores de Primera pertenecen a un contratista", explica Etchandy.

61.000 niños juegan en 62 ligas de baby fútbol. Hay 300.000 personas vinculadas al fútbol infantil.

1,5% llegará efectivamente a jugar algún partido en un club de Primera, según un estudio de ONFI.

0,14% de los niños que juegan en el baby logrará un pase al exterior, de acuerdo al estudio de ONFI.


SE BUSCAN TALENTOS


En la tribuna hablan italiano
En la cancha del Celtic, en el anillo Perimetral de Montevideo, se enfrentaban hace un par de semanas San Francisco y Naranja Mecánica y a segunda hora Holanda y Tres de Abril. Eran las semifinales de la Copa de Campeones de la categoría 2000 (niños de 12 años), que enfrenta a los tres primeros equipos de cada liga del baby fútbol. Mario Ferreyra, el padre de un mediocampista del San Francisco, se sorprendió cuando escuchó hablar en otro idioma afuera de la cancha. Eran tres italianos vinculados al negocio del fútbol, acompañados por una mujer que hablaba español, quienes se instalaron en las gradas y preguntaban por algunos niños a medida que los veían jugar.
Ferreyra llegó a ver cómo los extranjeros hablaban con un par de padres. "Uno de ellos les dijo que por el momento no les interesaba, su niño estaba practicando en la escuelita de Defensor Sporting", dice Ferreyra, "pero conozco otros casos de padres que son ayudados económicamente por algún contratista".


 Se debería "tratar de evitar la exportación de niños, que ellos no sean un objeto de mercado". El tema, es que "no se frustren las esperanzas", que todo no termine en "una condena para menores que dejaron de estudiar por el fútbol" y que por un momento pensaron que iban a ser futbolistas millonarios y después no tienen qué hacer. Porque el golpe, a veces, es muy grande.


martes, 1 de octubre de 2013

Hidratación en el futbol


Sudar supone la pérdida de gran cantidad de agua y electrolitos o sales minerales disueltas en él, que son muy importantes en la regulación de los procesos osmóticos (de sales y agua) en el interior de la célula. Y si son especialmente importantes para el mantenimiento de la salud, aún lo son más en el rendimiento deportivo. Ya que la fatiga se relaciona con el agotamiento de los depósitos de carbohidratos pero también con la deshidratación.
                                                                       
                                                                               


 IMPORTANCIA DE LA HIDRATACIÓN EN EL FÚTBOL


La reposición adecuada de líquidos y electrolitos es un factor crítico para lograr un buen rendimiento físico, y por lo tanto, los futbolistas deben intentar mantener un balance hídrico adecuado.
Para un rendimiento óptimo, el contenido de agua y de electrolitos del cuerpo debe permanecer relativamente constante. Bajo condiciones de reposo, el agua que se bebe es igual a la expulsada. En cambio, durante el ejercicio físico se produce un aumento de las pérdidas hídricas sobre todo debido a evaporación de sudor desde la piel necesaria para eliminar el calor generado durante la práctica deportiva, por lo que se debe aumentar la ingesta de agua.
Es una práctica habitual que sólo bebamos agua cuando tengamos sed. Algo que tenemos que remediar, sobre todo si practicamos regularmente algún deporte. Los últimos estudios aseguran que con una deshidratación del 2% en nuestro organismo, se reduce un 20% el rendimiento. Si la deshidratación alcanza el 5%, el deportista puede experimentar una disminución en su rendimiento del 50%.
Aunque un deportista no tenga sensación de sed no debe esperar para beber agua, antes, durante y después del ejercicio físico. Es en las épocas en las que no hace calor cuando los deportistas más deben incidir en el consumo regular de agua pues la gran mayoría no son conscientes de la reducción en su rendimiento físico.
La falta de hidratación tiene impacto en el sistema cardiovascular y termorregulador, al disminuir el volumen plasmático. Esto reduce la tensión arterial, provocando una disminución en el aporte sanguíneo a la musculatura esquelética, que incrementa el riesgo de lesión y disminuye la capacidad para realizar esfuerzos prolongados. En un intento por superar esto, el organismo aumenta la frecuencia cardiaca. Hay menos sangre que alcanza la piel por lo que la eliminación de calor disminuye y se eleva la temperatura corporal.
Si el futbolista se hidrata,  mantiene el volumen de líquidos y electrolitos en equilibrio, retrasa la fatiga, tiene un óptimo rendimiento y evita síntomas como calambres, mareos enrojecimiento de la piel y nauseas entre otros.

IMPORTANCIA DEL AGUA EN EL ORGANISMO DEL FUTBOLISTA

Alrededor del 60% al 70% del cuerpo humano está formado por agua (42 kg para un individuo de 70 kg), por lo tanto, el agua corresponde al 60 o 65% del peso corporal de un futbolista. Este elemento se va perdiendo durante el día debido a la sudoración, la orina y las heces, llegando a superar los 2,5 litros por día.


Durante los entrenamientos y la competición los futbolistas pierden líquidos y electrolitos importantes como el sodio y el potasio a través del sudor, por lo tanto, sin una adecuada hidratación, podrían enfrentarse a episodios de deshidratación con el consiguiente desgaste físico, mermando el desempeño del futbolista.

Entrada aproximada de agua diaria en el organismo (Total 2,6 litros):
- Agua que ingerimos directamente por la boca: 1,3 litros.
- Líquido contenido en los alimentos: 1 litro.
- Respiración: 300 ml.

Pérdida aproximada de agua diaria en el organismo (Total 2.6 litros):
- Líquido contenido en la orina: 1,5 litros.
- Líquido contenido en las heces: 200 ml.
- Oxidación del metabolismo interno: 300 ml.
- Transpiración: 600 ml.

Los especialistas recomiendan consumir dos litros y medio de agua diarios durante el día, además deben ingerir al menos medio litro de líquido dos horas antes de cada entrenamiento o partido y 250 mililitros adicionales entre 10 a 20 minutos antes comenzar la actividad. Se recomienda además beber a intervalos regulares cada 20 minutos durante el esfuerzo.
Los futbolistas profesionales deben entrenar para lograr mayor resistencia, velocidad, agilidad y potencia. Para lograr optimizar su rendimiento es necesario que los deportistas sigan un adecuado régimen de alimentación y sobre todo hidratación para recuperar el agua que se pierde durante el ejercicio. Estudios han demostrado que un futbolista  puede perder entre 1 y 4 litros de agua durante un partido y en promedio, y desafortunadamente no remplazan estos líquidos o remplazan como máximo el 87% de los líquidos perdidos.
Se debe considerar además que el agua y las bebidas deportivas además de prevenir la deshidratación permiten recuperar los electrolitos perdidos por la transpiración.



Estar bien hidratados es muy importante para el futbolista pues la hidratación es vital para todas las funciones del organismo. Una persona puede pasar alrededor de cinco semanas sin recibir proteínas, carbohidratos y grasas, pero no puede sobrevivir más de cinco días sin beber agua.

¿PORQUÉ SUDAMOS?

Muchas personas piensan que sudar es una forma adecuada para adelgazar o para eliminar toxinas, sin embargo, lo que eliminamos a través del sudor es agua, no grasa, y aunque se lleguen a presentar algunas toxinas en el sudor, la vía por la cuál se regula la eliminación de los productos de desecho del metabolismo es por medio de la orina. Así, sudamos para eliminar el exceso de calor y mantener nuestra temperatura dentro de rangos normales. Ahora quizás nos preguntaremos ¿cómo logra el cuerpo enfriarse a través de la sudoración?


Al realizar ejercicios, el 75% de la energía que estamos gastando se convierte en calor y sólo la cuarta parte sirve para generar movimiento. Esto quiere decir que si una persona gasta alrededor de 400 kcal en una sesión de entrenamiento, sólo 100 kcal se utilizaron para realizar los movimientos y las 300 kcal restantes se disiparán en forma de calor. Si nuestro organismo no tuviera la capacidad de eliminar este calor, en cuestión de minutos haciendo ejercicio se llegaría a temperaturas letales.
El calor generado en los músculos será transportado por medio de la circulación hacia el núcleo del cuerpo, donde se encuentran el corazón, los pulmones, los órganos abdominales y el cerebro, elevando la temperatura central. De aquí se enviará la sangre hasta la superficie de la piel, dándose la sudoración. El sudor que está en la piel absorbe el calor que viene de adentro del cuerpo para alcanzar una temperatura que le permita evaporarse, ocasionando un efecto de enfriamiento. Por lo tanto, la evaporación del sudor tiene la ventaja de que nos ayuda a mantener nuestra temperatura, pero al mismo tiempo puede llevarnos a la deshidratación si no se remplazan los líquidos perdidos.

¿QUÉ ES LA DESHIDRATACIÓN Y CUALES SON SUS EFECTOS?

La deshidratación, es uno de los principales cinco factores nutricionales relacionados con la fatiga y disminución del rendimiento, junto al vaciamiento de los depósitos de glucógeno (energía) en músculos activos, la disminución de la glucosa sanguínea (hipoglucemia), malestares gastrointestinales y el exceso de masa adiposa (lastre).
La cantidad de agua del organismo es limitada, si las pérdidas no son remplazadas puede haber un descenso en la transmisión de calor desde los músculos hacia la piel, cuya consecuencia será el aumento de la temperatura corporal, favoreciendo el riesgo de deshidratación.
La deshidratación provoca una disminución de la capacidad aeróbica, de la potencia aeróbica máxima, de la resistencia muscular y de la capacidad de desarrollar trabajo físico. Además de las cualidades físicas mencionadas también pueden verse afectadas las facultades mentales, la coordinación fina y por lo tanto, es indispensable aportar líquidos durante el ejercicio, fundamentalmente cuando se producen grandes pérdidas hídricas.
La deshidratación hace que nuestra sangre se vuelva más espesa. Como el cuerpo debe tratar de mantener el suministro de sangre a los músculos activos y los órganos vitales, la frecuencia cardiaca aumenta conforme el corazón se esfuerza por dar abasto.
La deshidratación produce fatiga temprana y sobrecalentamiento debido al suministro inadecuado de sangre. Esta es la razón por la cual la deshidratación reduce el rendimiento físico, disminuye la capacidad mental e incrementa el riesgo de complicaciones relacionadas con el calor. Al perder inclusive una pequeña cantidad de líquidos corporales (p.ej. 1% de peso corporal) se puede reducir el rendimiento.
Si el futbolista no se hidrata provocará que su sangre se haga cada vez más espesa, siendo más difícil el transporte de oxígeno y glucosa hacia las células, se fatigará pronto, su cuerpo se sobrecalentará y sudará en exceso tratando de bajar la temperatura corporal, tendrá calambres, mareos, visión borrosa, náuseas y falta de coordinación.
Por ello se aconseja que los futbolistas repongan entre 3 y 4 litros de agua diarios, que no sólo se consigue bebiendo agua, sino también con una alimentación rica en frutas y verduras, ya que estos están formados por agua. Cuando se práctica un deporte intenso como un partido de fútbol, el cuerpo realiza un sobresfuerzo que implica una mayor pérdida de agua a través del sudor. Hay que hidratarse para evitar la deshidratación que afectaría negativamente al rendimiento de los jugadores.

Influencia de la hidratación en el ejercicio físico
 
La hidratación es un factor a tener en cuenta a la hora de realizar actividad física, y es que va a tener influencia en varias funciones que van a condicionar nuestro rendimiento. Algunas de éstas son:
La termorregulación, la práctica de ejercicio aumenta nuestra temperatura corporal, y el desprendimiento de agua en forma de sudor es uno de los mecanismos principales para refrigerarnos. Por tanto, hay que reponer el agua que se está perdiendo en forma de sudor.
La nutrición, el agua tiene un papel fundamental en el transporte de los nutrientes que ingerimos hacia las células musculares, así como en su absorción.

El agua también es primordial en la eliminación de sustancias de desecho y en la lubricación de las articulaciones.

ALGUNOS CONSEJOS SOBRE LA HIDRATACIÓN DEL FUTBOLISTA

- Estar bien hidratado es siempre esencial para la salud, se realice o no actividad física y en cualquier época del año.
- El balance hídrico de nuestro organismo debe ser equilibrado, por lo tanto, la cantidad de líquido aportada tiene que ser la misma que la perdida o eliminada.
- Es preciso beber al menos 2,5 litros de líquido al día. Diariamente perdemos entre 2 y 3 litros de líquido a través del sudor, la orina, la respiración y la transpiración de la piel.
- Si se realizan actividades y esfuerzos físicos notables conviene aumentar estas cantidades, o si se vive en zonas con clima cálido y húmedo.
- Evitar las pérdidas excesivas de líquidos y no pasar largos períodos de tiempo sin ingerir bebidas.
- En épocas de calor no exponerse al sol innecesariamente ni realizar ejercicio físico en las horas centrales del día.
- Los niños son muy vulnerables a la deshidratación, por lo que hay que asegurar que beban en abundancia agua y otras bebidas.
- No consumir bebidas alcohólicas contribuye a mantener una correcta hidratación.



 - La ingesta hídrica debería ser preferentemente en forma de agua. Pero consumir infusiones, refrescos, zumos, lácteos, caldos etc., puede ayudar a conseguir la cantidad necesaria de líquidos. El sabor de las bebidas también estimula un mayor consumo de líquidos.

La forma adecuada de hidratarse va a depender de:
- El objetivo a alcanzar por el futbolista (aumentar la masa muscular, disminuir el tejido adiposo, optimizar el rendimiento, etc.).
- El horario del entrenamiento si es por la mañana o por la tarde.
- La intensidad, frecuencia y duración del entrenamiento a realizar.
- El clima y las condiciones ambientales, especialmente la temperatura y la humedad.


- Las variaciones individuales ya que hay futbolistas que transpiran más que otros.

Pautas para una correcta hidratación

Antes del ejercicio físico:  se recomienda comenzar a realizar pequeñas ingestas de agua una media hora antes de comenzar el ejercicio. En total deberemos beber alrededor de medio litro para conseguir un buen estado de hidratación.
Durante el ejercicio: depende de la intensidad del ejercicio que realicemos. Como pauta general podemos establecer la ingesta de unos 120 ml cada 10 minutos, o de 180 ml cada 20 minutos. No son necesarias ingestas mayores.

 

Después del ejercicio: es importante comenzar la ingesta de agua justo después de finalizar la práctica deportiva. Beberemos abundantemente (150% del agua perdida) y esta ingesta se hace especialmente importante si se va a entrenar de nuevo al día siguiente.

La estrategia a seguir es beber 1/2 litro de bebida deportiva apenas se termina de entrenar o jugar y luego se debería consumir hasta completar el 150% del peso perdido, en las 2-3 horas siguientes. Por ejemplo: un jugador de 90Kg con una deshidratación del 2% perdió 1,8Kg, el volumen a consumir sería de 2,7 litros (2700ml): primero medio litro tras el esfuerzo y luego 2200ml en las horas siguientes.
En conclusión hemos de conseguir que nuestros jugadores beban líquidos antes, durante y después del partido. Estos líquidos tienen que ser agua ó algún compuesto de agua, sodio y carbohidratos, pero nunca deben consumir bebidas carbonatadas (refrescos), que poseen unos altos índices de azúcar y cafeína que aumenta la deshidratación.

¿QUE TIPO DE BEBIDA DEBE UTILIZAR EL FUTBOLISTA PARA HIDRATARSE ADECUADAMENTE?


El agua es la mejor forma de hidratarse adecuadamente. Además del agua, algo que recomendamos siempre, es necesario conocer las propiedades de las bebidas isotónicas, hipertónicas e hipotónicas, ya que no todas las bebidas son válidas para todos los futbolistas, ni se pueden tomar en todas las circunstancias que proporciona el deporte.

Esto lo veremos en el próximo blog.




lunes, 2 de septiembre de 2013

Fútbol Infantil: ¿Trabajo o diversión? ¿Esfuerzo o placer? ¿Competencia o juego? ¿Pena o gloria?





El presente trabajo tiene como principal propósito describir y explicar el mundo del fútbol infantil, el cual, se sostiene aquí, está pensado por adultos que no siempre consideran a los niños en sus características particulares para su realización.
El análisis se apoya en los trabajos realizados por S. Comisso y Benítez C, y plasmado en el libro La infancia hecha pelota, donde desarrollan la profesionalización y mercantilización del fútbol infantil y como semejante maquinaria deja en el camino a miles y miles de niños y sus ilusiones, algún día, de poder jugar en primera.
El trabajo también describe cómo, a partir de ciertos cambios en los estilos de vida de nuestra sociedad, los niños fueron abandonando los potreros para trasladarse a los incipientes clubes y escuelitas de fútbol a cargo de ex deportistas de trayectoria que apelan, por lo general, a su experiencia como jugadores profesionales o amateur, sin conocer aspectos de las etapas y necesidades de la niñez.

“El que sabe de fútbol ni de fútbol sabe”
Jorge Valdano.

Actualmente el fútbol infantil está encaminado hacia la competencia,"competencia" a la que lo llevan dirigentes, padres y técnicos. Competencia para la cual los niños no están preparados. Esto no quiere decir que cuando el niño juega, no compite; por el contrario, sí lo hace, y con el objetivo de ganar, porque para eso juega. Nadie juega para perder. Pero deben entender los mayores y, por
consiguiente, inculcarle a sus alumnos, hijos o niños a cargo, que son muchas más las veces que se pierde que las que se gana; de hecho, uno solo es campeón, el resto se queda en el intento.
A nivel de infantiles, el niño juega, no compite. O, si preferimos, no le preocupa la competición como forma reglamentaria y mantenida. El niño se acerca al fútbol, por gusto, interés, ganas de divertirse. Esta predisposición del niño por jugar no lleva implícito otra cosa que eso: jugar.

Los niveles de exigencia del entrenamiento y la competencia son organizaciones de adultos, pensadas y desarrolladas como si los niños fueran, también, adultos.
Todo está diseñado por adultos para conseguir un rédito que va, desde el interés de los técnicos por salir campeón, pasando por el interés político de los dirigentes de la institución y terminando en el interés económico de los padres que creen que su hijo podrá solucionar su situación económica.
Entonces, ¿Qué debemos hacer para modificar ciertas estructuras? ¿A quienes debemos convencer de cómo trabajar con los niños y por qué?  ¿Cuánto hay de incomprensión y egoísmo de los adultos en estas prácticas?.
Por lo que estamos observando, el fútbol ha dejado de ser un juego exigiéndole la seriedad y el rendimiento de un niño superdotado. Hay equipos de todos los niveles socioeconómicos, que tientan con promesas de todo tipo a jugadores de otros equipos cuando recién han ingresado al fútbol infantil. En los ámbitos del fútbol infantil puede observarse con una alta frecuencia los comportamientos de ciertos padres ansiosos y descontrolados que expresan en un ocasional encuentro deportivo apelando a los gritos durante toda la disputa del partido. Este tipo de reacciones también se deja ver en los encuentros de los más pequeños. Estas manifestaciones de los adultos espectadores opera como interferencia constante en la labor de los entrenadores y/o delegados e incitando a la agresión dentro y fuera del campo de juego.
Es sabido que de todos los niños que comienzan la práctica del fútbol infantil, solamente el 3 o 4 % llega a desarrollarse como futbolista profesional, es decir que el 96 o 97 % quedan en el camino, y sin embargo el sistema apunta a la minoría, sumado a que “como son chicos”, quienes se ocupan de su formación generalmente son padres aficionados al fútbol o “futboleros”, que en algunos
casos es posible que sepan del fútbol, pero habría que ver si saben como tratar a un niño, y que es lo mejor que se puede hacer por y para ellos.




¿Están en su mayoría capacitados para conducir niños en plena formación que además de conocimientos futbolísticos, necesitan ser respetados en sus tiempos de maduración y crecimiento?

La presión por el rendimiento deportivo del niño no es más que una prolongación de la presión existente en el deporte profesional (y en el fútbol profesional). Esta invasión procede de la necesidad de captación de jóvenes talentos.
En las tempranas edades de profesionalización en algunas especialidades deportiva como por ejemplo: gimnasia artística, natación, tenis y fútbol, hace que se traspase a los niños los modos de trabajo y exigencia que se utilizan con los adultos sin reparar que la evolución cognitiva y, sobre todo, afectiva de los niños. Estos tratamientos puede ocasionar el sufrimiento de interrupciones y bloqueos afectivos de negativa consecuencia en el desarrollo de los sujetos. La presión en el deporte infantil, y en particular en el fútbol infantil, que no respete la persona y su ritmo particular de aprendizaje, su edad, que valore más el resultado que la formación, traerá secuelas físicas -microlesiones, esguinces, sobrecargas musculares- y psicológicas -problemas de autoestima, falta de seguridad en sí mismo, eliminación del disfrute, problemas de rendimiento escolar por falta de concentración en los estudios, falta de desarrollo de la propia responsabilidad...-



Por otra parte, el deporte infantil actual presenta unas condiciones que favorecen cuatro tipos de niños practicantes:
1. Los que acceden a practicar un deporte y disfrutan de él porque están dotados para la práctica.
2. Los que acceden a un deporte pero tienen peores condiciones motrices que los del grupo anterior, porque, paulatinamente van dejando de practicarlo o lo hacen en menor medida que sus compañeros más capacitados.
3. Los que acceden a un deporte pero lo abandonan en poco tiempo, ya que son descartados por sus escasas condiciones motrices para esa especialidad deportiva.
4. Los que no acceden a ningún deporte, bien sea porque en su entorno no hay oportunidades de práctica deportiva o porque no intentan acceder a las oportunidades que les ofrecen, por impedimentos familiares o por la creencia de que no son aptos para practicar esa especialidad.
De todas formas, la situación general hace que el buen dotado de recursos corporales y motrices para la práctica deportiva salga beneficiado por el deporte infantil y el menos dotado salga perjudicado.
Sin embargo, aquellos niños bien dotados de recursos corporales y motrices, para la práctica deportiva corren el riesgo de sufrir las consecuencias de la presión por ganar en la competición.
En el ambiente del fútbol y del fútbol infantil prevalecen ciertas creencias generalizadas sobre las formas de guiar los procesos de enseñanza:
• Se aprende a jugar al fútbol jugando muchos partidos.
• El jugador que ha jugado muchos partidos es mejor que otro que ha jugado menos.
• Para aprender a jugar al fútbol solo se necesita entrenar con la pelota.
• El fútbol es patear una pelota.
• Es solo buen jugador aquel que maneja bien la pelota.
• En el fútbol el que corre es la pelota.
• Al fútbol no hay que estudiarlo, basta con practicarlo.
• En el fútbol esta todo inventado.
• La práctica hace al maestro.
• Para ser técnico es necesario tener mucho vestuario.
• Un técnico es bueno cuando su equipo gana muchos partidos.
Para comprobar esto es necesario observar las clases y/o entrenamientos que se realizan en las escuelas y clubes de fútbol.


Comienza a manifestarse en nuestro país un nuevo fenómeno, impensable pocos años atrás, pero fácilmente explicable en los tiempos que corrían: aparecen las primeras Escuelas de fútbol Infantil. Para ese momento, comienzan a desaparecer gradualmente los potreros. El tiempo libre de los padres disminuye para llevar a sus hijos a jugar, la calle y las plazas se hicieron peligrosas, por lo tanto se perfilaba en los jugadores de renombre que abandonaban la actividad una forma lucrativa de seguir ligados al fútbol explotando su bien ganado prestigio.
Hoy las cosas han cambiado mucho, los clásicos “picados” se transformaron en entrenamientos varias veces a la semana, los torneos con tablas de posiciones duran varios meses. Todo esto hace que el concepto de “jugar”, se halla modificado por el concepto de “trabajar” de jugador, en función de los intereses de los grandes y no de los niños.
Teniendo las mejores intenciones (preparar los mejores jugadores desde el principio), no tomamos por el camino adecuado, siempre en prejuicio de los niños, y por extensión, del fútbol en general. Hoy las escuelas de fútbol serias, que son muchas, no participan de torneos sistemáticos (con tablas de posiciones) sino que se manejan con encuentros con otras escuelas y trabajan a conciencia.
Pese a esos ejemplos, la inmensa mayoría de los chicos futbolistas están en clubes donde forman parte de un espectáculo para parientes (padre, madre, hermanos, tíos, abuelos, etc.) donde se los someten a todo tipo de presiones y se les exige mucho más de lo que pueden y quieren dar.
Pero… se recauda buen dinero con los pibes.
El comienzo del niño en el deporte, ha cambiado totalmente sus objetivos en los últimos tiempos, transformando la enseñanza gradual y con sentido de futuro, otra apurada, producto de la búsqueda de una especialización temprana y sin sentido.
“Un niño que no juega es un adulto que no piensa”, la convención de los derechos del niño determina claramente que el juego es uno de los derechos“Un niño que no juega es un adulto que no piensa”, la convención de los derechos del niño determina claramente que el juego es uno de los derechos fundamentales de los niños, ya que es una de las herramientas más valiosas para desarrollo global, tanto en lo físico, como en lo psíquico y en lo emocional.
Los niños deben jugar, porque el juego sensibiliza la imaginación y la inteligencia, los hace compartir e interactuar y es una excelente herramienta para la inclusión fundamentales de los niños, ya que es una de las herramientas más valiosas para su desarrollo global, tanto en lo físico, como en lo psíquico y en lo emocional.
Los niños deben jugar, porque el juego sensibiliza la imaginación y la inteligencia, los hace compartir e interactuar y es una excelente herramienta para la inclusión
Un grupo de niños se entrena en un club o en una escuelita de fútbol. Corren a un ritmo constante, esquivan conitos para medir su destreza, cabecean pelotas, responden con ganas a las órdenes de un entrenador que los tiene “cortitos”. En muchos casos, todo esto sucede ante un público muy especial: sus padres, que se instalan como espectadores, críticos, profesores, árbitros y hasta relatores de un juego infantil.


No cabe duda de que el fútbol es una parte importante de sus vidas, lo palpan desde la cuna, lo viven, lo sienten, lo disfrutan y lo sufren, como hinchas y como jugadores. Pero ¿Hasta qué punto un niño de menos de 12 años puede participar, más allá de este amor natural por la pelota, de las presiones del fútbol grande? ¿Cómo enfrentarse tan temprano a esos modelos inalcanzables que son
lo jugadores profesionales que ganan millones de dólares, salen en las fotos de los diarios y las revistas y viven en un mundo casi irreal de fama, fortuna y gloria?
¿Qué pasa con todos los jugadores que no llegan a esa cumbre? ¿Quién dice algo de esa inmensa mayoría de jóvenes con ilusiones que quedaron en el camino hacia el éxito? ¿Dónde quedo el espíritu del potrero del que salieron grandes figuras del deporte?.
 En el fútbol infantil, a veces los padres no pueden ver más allá de la obtención de un resultado. La obsesión por el logro de una victoria impide ver lo que realmente puede llegar a dar su hijo y se ponen como locos (o fuera de si).
La presión se vuelve algo cotidiano y todos, padres, hijos, entrenadores, árbitros y público, pierden de vista el motivo por el que están jugando. La meta ya ni siquiera es el gol. La meta es llegar, ser el mejor, él numero uno. Y se olvidan que para ser él numero uno, hay una sola vacante. La competencia como la que se suele ver en los partidos de torneos infantiles la imponen y la exigen los adultos, los niños simplemente juegan.
Será que además de volcar sus propias ilusiones y deseos en sus hijos, aparece en la imaginación de muchos padres, algo que forma parte de un pensamiento colectivo de esta época: la idea de su hijo como “salvador” de la familia.
Si el niño patea bien la pelota puede ser la solución para todos. Claro que este pensamiento no se da en todos los padres por igual, algunos lo admiten directamente, otros solo se animan a insinuarlo y algunos ni siquiera se dan cuenta de que les sobrevuela. Pero esta. Y la pregunta es hasta donde puede ser valido. Esta nueva ilusión no conoce fronteras ni clases sociales. En cualquier barrio humilde o en las villas de emergencia, donde jugar al fútbol siempre fue algo muy ligado a la vida cotidiana, es posible que hoy mas que nunca, este presente la posibilidad de convertirse en jugador profesional como la única salida para abandonar la marginalidad.
Lo que hasta hace un par de décadas era simplemente el entretenimiento obligado de los que no tenían otra distracción, hoy es casi el campo de prueba para los que sueñan con salir de allí, y su habilidad y dominio sobre la pelota es un pasaporte para dejar la pobreza. Allí, entre las chapas y los campitos de tierra reseca, también se organizan torneos de fines de semana. Los pocos recursos se destinan a este ritual que combate contra los fantasmas del presente.



El fútbol puede ser la única salida para zafar de la droga, la violencia o la delincuencia en lugares como este. “África es la principal fuente de futbolistas menores para Europa. Sin embargo eso no significa una mejor calidad para sus vidas. Todos esos niños y adolescentes salen de su país sin conocer el idioma, con lo puesto. Si no funciona en el sistema mercantilizado del fútbol europeo,
quedan varados, dependiendo de su suerte, que suele ser poca”.
Este trafico de niños y jóvenes es el punto máximo de la desproporción entre deporte y negocio, el vértice mas desgarrado y cruel del mercado del fútbol.
Los números dan una idea de lo escalofriante de este mercado. En los últimos años de la década del noventa, unos cinco mil trescientos chicos (5.300) de distintos países se encontraban dando vueltas en distintos clubes de categorías inferiores del fútbol italiano. Pero de esos, solamente veintitrés (23) tenían un contrato efectivo. El promedio de edad apenas superaba los diez años.
El futuro para esos chicos que quedan en el camino es dramático. Sin un peso para volver a sus casas, caen en la marginalidad, descartados como mercancía inservible. En estos casos el fútbol se convirtió en un moderno tráfico de esclavos, disfrazado de salvoconducto para la prosperidad.
La tendencia a la profesionalización del fútbol infantil, en la que los niños reciben la mayor presión por parte de los adultos, involucra entre otros puntos polémicos, la propia salud de los pequeños futbolistas. ¿Quién se preocupa realmente por las exigencias que reciben los niños durante los entrenamientos que muchas veces no tienen en cuenta las distintas etapas de su desarrollo físico
y psicológico?
Los padres, en algunos casos, ya sea por el afán de conseguir un buen futbolista o por el deseo de que sus hijos se entretengan un rato con los niños de su misma edad, se olvidan de considerar la salud de sus hijos, la cual no siempre queda en las manos más adecuadas. Los técnicos y delegados, presionados por lograr buenos resultados en los partidos, dejar contentos a los dirigentes y a los padres, no siempre prestan la suficiente atención a estas cuestiones socioculturales que son fundamentales en esta etapa de crecimiento tan delicada en el desarrollo de una persona.
Esta omisión puede afectar la salud presente y futura de los niños.
El fútbol infantil no es un fin en si mismo tiene que ser un medio para empezar a formar a los niños. Un deportista se empieza a formar a los 11 o 12 años. Ahí empieza una recta que termina aproximadamente a los 17 o 18 años.
Hace unos cuanto años, los futbolistas profesionales debutaban a los 21 años, hoy lo hacen a los 16.
Hay que considerar que hasta los 12 o 13 años aproximadamente un niño no comienza a formarse física y motrizmente. Recién en ese momento esta preparado para que lo agarre un entrenador y, si es bueno, que comience a hacer carrera. Pero acá parece que el proceso se hace al revés. Además, hay que tener en cuenta que un niño de 9 o 10 años esta completando su maduración y puede tener unos dos años de diferencia madurativa con otros de su misma edad. Entonces, un año el niño puede parecer de madera y al año siguiente, juega bárbaro. Y los técnicos dicen “este no sirve”,
cundo en realidad, el niño esta aprendiendo.
La idea de competencia, triunfo y fracaso, no es la misma en los adultos que en los niños. En el momento del juego, las cosas se mezclan. En ese cóctel, los más pequeños suelen ser los más perjudicados. El espíritu de jugar a muerte lo ponen los padres, no los niños. Cuando gana el equipo contrario los padres empiezan a echarle la culpa al referí y no se fijan que los que ganaron también son niños. En general, los padres pierden el control emocional por completo.
Los padres se pierden en ese laberinto futbolístico donde todo el mundo se siente un poco sabio y en lugar de acompañar a su hijo, le indican como jugar.
Lo que muchas veces puede entrar en contradicción con lo que le indica el técnico.
La consecuencia es un cortocircuito en el niño, que generalmente abandona el fútbol porque no soporta tanta presión.
Junto con la competencia mal entendida comienza a producirse un hecho poco grato para los niños, la discriminación de los menos hábiles. Con este tema la mayor influencia proviene de cada familia y de lo que transmite el club. Si se trata de una institución muy competitiva, la problemática aumenta. Si hay niños que no están aptos para jugar hay que buscarles la posibilidad de que jueguen en otras ligas para que no se sientan mal y para darles una oportunidad.

Conclusión final:
Las escuelas de fútbol se consolidaron en las últimas décadas como una alternativa a la falta de espacios para que los niños jueguen al fútbol en la ciudad.
Pero la voracidad del gigantesco negocio del fútbol las fue incorporando como primera etapa de una tendencia creciente:

La profesionalización del fútbol infantil:
¿Entrenamiento o entretenimiento? ¿Trabajo o juego? ¿Cómo debería ser el tiempo que el niño dedica a la actividad futbolística? ¿Cómo lograr que algo tan sano como la actividad deportiva y tan mágicamente fascinante como el fútbol no sea una carga que sus espaldas no puedan soportar?
Difícilmente se pueda llegar a obtener una sola respuesta a todas estas preguntas. La polémica, al igual que el fútbol mismo, es un deporte nacional y cada uno, padre, técnico, o dirigente tendrá una respuesta, un punto de vista.
Expondrá sus argumentos, mostrara resultados. Pero ¿y los chicos qué? ¿Se piensa en ellos? ¿O prevalecen las propias aspiraciones, las frustraciones que se dejaron en el camino? ¿Alguien les pregunta a ellos lo que quieren, lo que sienten, como les gustaría hacer las cosas?
Valdría la pena que todos los involucrados se formularan estas preguntas y se cuestionaran realmente como están actuando. Sería bueno descubrir que responden con honestidad a la tarea que están desarrollando.
Hasta hace unos veinte años, la cosa era mucho más sencilla. El club de barrio cumplía una función social. Hoy, tras sucesivas crisis económicas, ideológicas morales, ese espacio se fue perdiendo. Y no hubo reemplazo. Los que tienen más de cuarenta años lo saben muy bien. El club era el lugar del encuentro, de la participación. Uno sentía que ese era un lugar de pertenencia, un espacio
simbólico y de contención social. Era el lugar donde se compartía con los pares y eso permitía afianzar la identidad. Algo vital para la edad en que una persona esta creciendo.
Allí, en esos clubes, el fútbol era la excusa, organizarse era sencillo: un padre se hacia cargo de una categoría, otro tomaba otra y así hasta abarcar todas las edades, sin mucha teoría pero con mucho amor. La cuota social no importaba y la merienda acercaba a más de uno.
¿Cómo evitar que todo esto ocurra? No es fácil encontrar la solución.
Siempre y cuando el optimismo nos permita creer que es posible encontrar una.
Quizás lo máximo a lo que se puede aspirar sea a empezar a cuidar a los chicos, a estar mas cerca, pero no detrás de un alambrado gritando un gol sino allí donde ellos verdaderamente les hace falta. En sus dudas, sus miedos y también en sus pequeñas alegrías.
Lo ideal seria actuar con ellos como lo que son: chicos. Tan obvio y tan simple como eso. Tan complicado como eso. Para lograrlo se debe comenzar intentando que el entretenimiento no se convierta en un trabajo y que esté adecuado a sus posibilidades. Cualquiera que lleve a su hijo a una escuela de fútbol debe tener, independientemente de su motivación para hacerlo, la preocupación por el cuidado que le den al niño en ese lugar. Y una idea clara de lo que puede
ser bueno o dañino para su educación, su desarrollo y su formación. Eso quiere decir para su cuerpo, su psiquis y su espíritu. Algo que parece tan evidente y que, sin embargo, la experiencia de todos los días muestra que no se cumple. Que los niños entrenan más de lo debido o, a veces, no lo hacen con una persona suficientemente capacitada para eso. Las consecuencias afectan nada menos que a su salud y, a veces, condicionan su estado emocional para el futuro.
Este texto quiso ser una aproximación al mundo de los niños y el fútbol, allí donde su cruzan la ansiedad de los padres, la responsabilidad de los entrenadores, la referencia omnipresente de las grandes estrellas y el peligro de depositar en un niño la salvación económica familiar. También es un llamado de atención para no olvidar que en el fútbol infantil se está tratando con niños
y no con jugadores en miniatura.



Este documento está disponible para su consulta y descarga en Memoria Académica, el repositorio institucional de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, que procura la reunión, el registro, la difusión y la preservación de la producción científico-académica édita e inédita de los miembros de su comunidad académica. Para más información, visite el sitio
www.memoria.fahce.unlp.edu.ar

Esta iniciativa está a cargo de BIBHUMA, la Biblioteca de la Facultad, que lleva adelante las tareas de gestión y coordinación para la concreción de los objetivos planteados. Para más información, visite el sitio
                                                                                         www.bibhuma.fahce.unlp.edu.ar

Fútbol Infantil: ¿Trabajo o diversion? ¿Esfuerzo o placer? ¿Competencia o juego? ¿Pena o gloria?
Junior soccer. Is it a work? Is it connected with fun? Does it require effort? Does it give pleasure? Is it a competition or is it a game? Is it related to sorrow or to glory?
Fabián De Marziani





jueves, 29 de agosto de 2013

Grassroots, literalmente del inglés. «raíces del césped»

PRIMERA PARTE

Grassroots:

Literalmente del inglés «raíces del césped», entendible como «de raíz», «auténtico» o «con base social» es una forma de asociación, constituido por los miembros de una comunidad. Implica que la creación del movimiento y el apoyo del grupo es natural y espontáneo, destacando las diferencias con comunidades promovidas por las estructuras de poder. Si el movimiento, aunque tenga apariencia de natural o espontáneo fuera inducido y con falsa base, hablaríamos de su opuesto, el Astroturfing ("astroturf" es una firma de césped artificial).





¿Siempre te ha gustado el fútbol, pero nunca has jugado en el equipo de una organización? ¿Lo has practicado en el pasado y ahora te gustaría entrenar a los jóvenes? ¿O bien te apasiona el fútbol y te interesa saber cómo trabaja la FIFA con sus asociaciones, entrenadores, clubes y líderes juveniles de todo el mundo para promocionar el concepto FIFA Grassroots. Desde 2009, el programa FIFA Grassroots ha animado a todas las partes interesadas e integrantes del fútbol a otorgar prioridad máxima a la formación futbolística de niños con edades comprendidas entre los 6 y los 12 años. En el último trienio, en 70 países diferentes, el equipo de Desarrollo de la FIFA ha instruido a los diferentes entrenadores en la organización y formación del fútbol base, con la ayuda del manual oficial FIFA Grassroots.
FIFA Grassroots forma parte de un programa general de Desarrollo del Fútbol de la FIFA. Se combina con otras actividades de formación, como cursos de entrenamiento de la FIFA e iniciativas de desarrollo del fútbol femenino, junto con el programa PERFORMANCE, el Programa de Asistencia Financiera (FAP) y los proyectos Goal; y apoya a las 208 asociaciones miembros de la FIFA en el desarrollo y la promoción el deporte rey en el mundo entero. Entre 2011 y 2014, la FIFA invertirá más de 800 millones de dólares en el desarrollo del fútbol.




La filosofía del fútbol base 

“Desarrollar el juego” es una de las tres misiones de la FIFA.
El principal objetivo del programa de fútbol base de la FIFA
es hacer descubrir el fútbol a la mayor cantidad de personas,
y la mejor forma de atraer nuevos jugadores es proporcionarles
acceso al fútbol en su propio entorno, sea cual sea
su edad, género, condición física, color de piel, religión u
origen étnico.

El fútbol base, el fútbol para todos

El programa de fútbol base de la FIFA engloba a niños y
niñas de 6 a 12 años y puede desarrollarse en un marco
escolar, comunitario o de club.
La idea principal del programa es reunir la mayor cantidad
de personas posible alrededor de un balón, fomentar el
intercambio y la puesta en común de los valores humanos y,
por supuesto, disfrutar practicando este maravilloso deporte.
Para algunos, el fútbol base es un conjunto de actividades
recreativas, para otros, representa la práctica del fútbol de
forma organizada, con entrenamientos y partidos en el
marco de la escuela o de un club.
Es evidente que no todos estos jóvenes jugadores serán
estrellas el día de mañana y que no todos tienen los atributos
para convertirse en profesionales. Por tanto, no se trata
de organizar sesiones de entrenamiento intensivo o imponer
nociones tácticas complejas, puesto que podría revelarse
como un factor disuasorio.

El juego es la mejor forma de aprender y, ante todo,
los jóvenes deben divertirse.




Las relaciones humanas, el espíritu de equipo y la diversión
son los elementos esenciales del fútbol base.
El concepto de aprender jugando con ayuda de un entrenador-
educador está diseñado específicamente para llegar a la
juventud y crear una dinámica hacia la que orientarse en el
futuro. El entrenador-educador debe ser dinámico, simple,
apasionado y motivador. Al mismo tiempo, debe respetar
siempre las características físicas, fisiológicas y psicológicas
de los niños.
Los niños no son pequeños adultos.

Para muchos niños de todo el mundo, el fútbol es la principal

distracción, la mejor herramienta de integración social y
un excelente medio de expresión.
El programa de fútbol base de la FIFA ofrece a todos la posibilidad
de jugar a fútbol, sin discriminación y con un mínimo
de infraestructuras.
Puede ayudar a completar las iniciativas de las confederaciones
y de las asociaciones miembro que ya cuenten con un
programa de este tipo.
El programa de fútbol base de la FIFA se lleva a cabo en
estrecha colaboración con las Asociaciones Miembro e
implica a todos aquellos organismos que se ocupan de la
educación (gobiernos, organizaciones no gubernamentales,
comunidades, escuelas, etc.).

El fútbol base, el fútbol en todas partes, para todos y por todos.




El entrenador-educador
de fútbol

“La juventud prefiere ser estimulada que
enseñada”. Johann Wolfgang von Goethe



El niño es el centro de interés del entrenador-educador,

cuya misión principal  es garantizar su desarrollo

en diferentes ámbitos: deportivo, social, psicológico y
educativo.
El educador de fútbol es la persona que conoce, que sabe...
Es cierto que no lo conoce todo, incluso dentro de su área,
pero debe saber perfectamente lo que quiere transmitir.
Las victorias y las derrotas no significan nada comparado
con lo que el fútbol puede transmitir en cuanto a valores
humanos y sociales, que ayudarán a la formación del futuro
ciudadano, así como a su inserción en la sociedad.
El fútbol puede ser una herramienta maravillosa para transmitir
valores como el respeto, la solidaridad, la ayuda mutua,
el compartir, etc.
Gusto por transmitir, gusto por compartir, gusto por
dar, gusto por ocuparse de los demás. Esa es la misión
del educador de fútbol: una vocación.

La misión educativa del educador de fútbol es crucial: transmitir
“conocimientos” y “valores”. Para eso, es necesario
conocer al niño, sus características, tener en cuenta su edad,
sus capacidades. En una palabra, practicar una pedagogía
del apoyo y del éxito.
El juego constituye la principal actividad del niño. Jugar
representa una necesidad esencial, vital e innata en todos
los niños. Por tanto, el despertar y la iniciación del jugador
o jugadora de fútbol mediante el juego son los principales
objetivos del fútbol base.
El fútbol con pocos jugadores, en espacios reducidos,
responde a estas dos preocupaciones. Sobre espacios
reducidos, mejor adaptados a sus capacidades fisiológicas,
el aprendiz de futbolista tocará el balón más a menudo y, de
esta forma, aprenderá a dominarlo y controlarlo mejor.
Aprendizaje a través del juego, esa es la misión confi
ada a los educadores de fútbol. Jugando, el niño aprende
mientras disfruta. Por tanto, el juego supone un medio
extraordinario de desarrollo psicomotor, que permite al niño
superar sus temores, liberarse, tomar iniciativas, asumir
riesgos e inventar.
Simplemente, la felicidad de jugar juntos a fútbol y compartir

este momento.



“La naturaleza dicta que los niños deben ser niños
antes de convertirse en adultos. Si intentamos
modificar este orden natural, alcanzaremos la edad
adulta de forma prematura pero sin la sustancia y
la fuerza”
Jean-Jacques Rousseau



Perfil del entrenador-educador de fútbol
El entrenador-educador, en su papel de formador, tiene por
vocación el despertar y la iniciación al fútbol para todos los
chicos o chicas que deseen descubrir las maravillas de este
deporte.
Para alcanzar los objetivos que impone este rol de formador,
el entrenador- educador de fútbol, en su “escuela de fútbol”,
tendrá por misión:
– Acoger sin espíritu selectivo a todos los jóvenes jugadores
y jugadoras a partir de 6 años de edad.
– Transmitir desde la más temprana edad una educación
deportiva sobre la base del respeto y el juego limpio.
– Desarrollar una mentalidad basada en el placer de jugar y
la voluntad de progresar.
Sin ser un gran experto, el educador de fútbol debe poseer
unos determinados conocimientos básicos:
Conocimiento del niño
– Aspectos generales del desarrollo en las diferentes
edades
– La relación, el comportamiento, la comunicación y el
lenguaje
Capacidades pedagógicas de enseñanza y
organización
– Los métodos de aprendizaje
– La organización de una sesión de fútbol
– La organización de un torneo
– La organización de un festival
Conocimientos básicos del fútbol
– Los juegos reducidos
– Los juegos de entrenamiento
– El aprendizaje de los gestos técnicos



Códigos de conducta

El educador de fútbol ejerce una gran influencia sobre los
jugadores y jugadoras implicados en el fútbol base. Debido
a que los educadores de fútbol pasan mucho tiempo con los
niños, su propia conducta y comportamiento determinará,
invariablemente, las actitudes y la conducta de los propios
niños. Por tanto, debe ser un ejemplo para todos los participantes,
siempre de forma positiva, tanto en su aspecto físico
como en sus relaciones sociales y emocionales.
No puede ni debe ser percibido únicamente como organizador
o técnico de fútbol, sino también como guía, educador y
ejemplo a seguir.

Los cinco fundamentos de una práctica exitosa del
fútbol

La escuela de fútbol es un espacio de acogida donde los
niños se sienten bien y experimentan el sentimiento de su
propio valor.
1. El sentimiento de estar seguros.
Proteger a los niños de daños físicos y emocionales. Un niño
que no se siente seguro experimentará dificultades para
sentirse bien y divertirse con el juego.
2. El sentimiento de ser bienvenido.
Sentirse bienvenido sea cual sea su edad, su género, su nivel
técnico, su físico, su cultura o su idioma. El fútbol es un
medio en el que las discriminaciones de cualquier tipo no
deben existir.
3. El sentimiento de ser “buen jugador”.
El niño debe sentirse competente. Por tanto, hay que animarle
constantemente destacando lo bueno por encima de
lo malo.
4. El sentimiento de pertenencia a un grupo.
Formar parte de un grupo y tener la sensación de ser aceptado
por el equipo son elementos fundamentales para los
niños.
5. El sentimiento de ser importante.
Los niños necesitan ser reconocidos por su éxito. Por tanto,
hay que animarles a ser creativos y expresivos.
– Disfrutar




Código de los niños

– Jugar para divertirse y no simplemente para contentar a
los padres o a los profesores.
– Divertirse, progresar y realizarse gracias al fútbol.
– Descubrir, aprender y respetar las reglas de juego y las
reglas de vida en grupo.
– Integrarse en el grupo y ser un auténtico compañero
– Respetar a los adversarios.
– Aceptar las decisiones de los árbitros o de los educadores.
– Mantener el juego limpio en cualquier circunstancia.

Código de los padres

– Recordar que los niños juegan a fútbol para divertirse, no
para que lo hagan los padres.
– Animar antes que forzar u obligar.
– Animar a los niños a jugar siempre según las reglas del
juego.
– Nunca reprender a un niño por haber cometido un error
técnico o haber perdido un partido.
– Recordar que los niños aprenden mediante el ejemplo.
– Animar a los dos equipos.
– Felicitar a los dos equipos independientemente del resultado
del partido.
– Ayudar a eliminar cualquier violencia física o verbal del
fútbol.
– Respetar las decisiones de los educadores y de los árbitros,
así como enseñar a los niños a hacer lo mismo.
– Apoyar, animar y ayudar a los voluntarios, a los educadores,
a los organizadores y a los árbitros en su trabajo. Sin
ellos, los niños no podrían jugar a fútbol.
– Mantener el juego limpio en cualquier circunstancia.

Código de los árbitros

– Comprender que arbitrar a niños y arbitrar a adultos son
dos cosas diferentes.
– Proteger a los participantes.
– Centrarse en el espíritu del juego más que en los errores.
– No intervenir de forma excesiva en el juego.
– Dejar jugar.
– Explicar las razones de las infracciones de las reglas del
juego cometidas por los niños.
– No dudar en darle la oportunidad a un participante de que
vuelva a poner el balón en juego, explicándole su error.
– No tolerar un lenguaje inapropiado.
– Mantenerse constante, objetivo y educado, señalando las
infracciones de las reglas del juego.
– Arbitrar de forma pedagógica, explicando todas las
sanciones.
– Conservar una actitud positiva y sonriente.
– Mantener el juego limpio en cualquier circunstancia.
– Los jugadores se darán la mano antes y después de cada
partido.





Seguridad y prevención – Las diez funciones
importantes del entrenador-educador de fútbol

1. Generar un entorno seguro
Las instalaciones deportivas y los equipamientos deben
ser seguros para los niños y el resto de participantes. Las
condiciones atmosféricas desfavorables también deben
tenerse en cuenta durante todas las actividades del fútbol base.

2. Equipamiento deportivo seguro y apropiado

Los códigos y las normas existentes para los equipamientos
deben respetarse y todo el material debe mantenerse en
buen estado y corresponder completamente a la categoría
en cuestión (balones nº4, por ejemplo).

3. Actividades planificadas
Los lesiones pueden ser resultado de sesiones de fútbol mal
planificadas. Las habilidades técnicas que revisten algún
tipo de riesgo (juego de cabeza o técnicas defensivas,
por ejemplo) se deberán enseñar de forma progresiva
obligatoriamente.

4. Seguimiento de los niños en caso de lesión o de
incapacidad temporal
Los participantes que sufran lesiones o una incapacidad
temporal deben quedar exentos de los ejercicios
potencialmente peligrosos para ellos.

5. Jugar en su categoría de edad
En una primera etapa, e incluso en el caso de jóvenes
talentos, es necesario distribuir a los participantes en
grupos de nivel, no sólo según la edad, sino también en
función de la estatura, el peso o incluso la madurez. La
experiencia y el nivel de competencia también deberían
considerarse.

6. Informar a los participantes y a los padres de los
riesgos propios del deporte
Los participantes (o sus padres/tutores) sólo pueden aceptar
legalmente los riesgos inherentes al fútbol si los conocen,
comprenden y aceptan.

7. Actividades estrechamente vigiladas
Se requiere una vigilancia apropiada para asegurarse de que
el entorno de práctica es el más seguro posible.

8. Conocimiento de primeros auxilios
Los educadores de fútbol deben conocer los procedimientos
básicos relativos a los primeros auxilios y mantenerlos al día.
Durante las actividades organizadas, deben asegurarse de
que la asistencia médica adecuada se encuentra disponible y
de que no se haga nada que pudiera agravar una lesión.

9. Dictar reglas claras para las actividades y su
desarrollo
Deben redactarse por escrito y distribuirse reglas claras antes
de cualquier actividad, relativas a su desarrollo y la conducta
que se debe mostrar.



10. Conocer la información básica sobre la salud de los
participantes
Los educadores de fútbol deben conocer la información
básica relativa a la salud de los participantes y los riesgos
incurridos, con el objetivo de tomar las mejores decisiones
en caso de que se produzca un contratiempo durante una sesion de fútbol.
La protección de los niños es la misión esencial del educador
de fútbol, no solamente ante los participantes sino también
ante los padres. Teniendo en cuenta la gran cantidad de
niños y niñas que participan en las actividades de fútbol, su
protección constituye una prioridad. Nadie puede quedarse
sin vigilancia. Ejecutados correctamente, los procedimientos
de protección de los participantes les permitirán divertirse
con la práctica del fútbol.


Características del niño y enfoque pedagógico                                
Al crecer, los niños atraviesan diferentes etapas. No tienen
las mismas necesidades, ni los mismos comportamientos
y su crecimiento tampoco es siempre idéntico. Por eso
es importante conocer las características específicas y las
prioridades de cada una de las etapas de la infancia o de la
adolescencia, centrándose en los aspectos físicos, fisiológicos
y psicológicos.
El entrenador-educador debe tener muy presente que el
joven no es un pequeño adulto y, para disfrutar del mejor
enfoque posible, debe tomar en consideración estas etapas
del crecimiento y el desarrollo.
Es responsabilidad del entrenador-educador conocer perfectamente
estos puntos cruciales y ponerlos en práctica en
cada caso en particular.
Es importante tener en cuenta el desarrollo físico de cada
joven y, por tanto, distinguir correctamente la edad cronológica de la edad física.
     
La escuela del fútbol es también la escuela de la vida.

Además, algunos niños empiezan a jugar al fútbol a partir
de los 6-8 años, a diferencia de la mayoría de los jóvenes.
Por consiguiente, es importante que el entrenador-educador
respete el nivel del niño y muestre un enfoque positivo para
favorecer el aprendizaje.
El entrenador-educador debe orientar a niños que juegan al fútbol y no entrenar a futbolistas.